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Galicia en silla de ruedas

Galicia en silla de ruedas

Este verano decidimos ir de vacaciones a Galicia, ya que yo nunca había estado y teníamos ganas de conocerla. Así que tras mucho buscar, allá fuimos en coche en agosto, a la zona de La Coruña y después a Cangas de Morrazo.
El primer día llegamos a La Coruña a medio día, donde nos alojamos en el hotel Exe Coruña. Es totalmente accesible y la habitación adaptada está muy bien. Sólo tiene la pega de que el espacio para hacer el giro en la entrada de la habitación es muy estrecho y hay que maniobrar un poco. Y en el baño hay un toallero delante del lavabo y no te puedes acercar bien, pero por lo demás genial. Por otro lado, destaca que el desayuno está estupendo.
Por la tarde fuimos a dar un paseo por la playa de Riazor, para investigar la zona de baño adaptada, y después al mirador ventana del Atlántico. Un camino no muy cómodo porque es todo empedrado pero recomendable 100%, las vistas son preciosas!

El segundo día hicimos una ruta por algunos pueblos para ver más cosas. Primero fuimos al faro de Cabo Vilán, luego a Muxía (hay baño adaptado en la zona del faro), en tercer lugar a Finisterre, donde comimos muy bien en la zona del puerto y luego visitamos el faro (también hay baño adaptado) y por último Ézaro. Aquí destaca la pasarela de madera construida para poder visitar la cascada, y el mirador que tiene unas vistas increíbles. Una ruta bastante larga pero que sin duda merece la pena.

El tercer día nos quedamos en La Coruña. Aprovechamos para visitar la Torre de Hércules (por fuera solo), el centro de la ciudad (típico) y por la tarde ir a la playa de Riazor. Cuenta con pasarelas de madera, silla anfibia y asistencia al baño, aunque no tiene zona de sombra habilitada.

El cuarto día hicimos otra ruta que empezamos por Estaca de Bares, donde se puede acceder relativamente bien hasta el faro. Después fuimos al banco más bonito del mundo, en Loiba, que sí se puede acceder perfectamente y es una pasada. Tras esto hicimos una parada a comer en Cariño y luego fuimos a Cabo Ortegal, que también se puede acceder sin problema y tiene unas vistas increíbles. Y por último, pasamos por el mirador de la garita de Herbeira, que no es accesible pero hice un poco el cabra por el pequeño camino hasta llegar para disfrutar de las vistas.

El quinto día tocaba ir hacia Cangas de Morrazo, pero de camino hicimos una parada en Santiago de Compostela. El centro no está mal, no está tan adoquinado como en otras ciudades, pero es prácticamente imposible encontrar una tienda o restaurante accesible, solo puedes parar a tomar algo en alguna terraza (si hay hueco).

En Cangas nos alojamos en el hotel Airiños, también accesible. Pero la gran sorpresa nos la llevamos cuando no entraba en el ascensor para subir a la habitación, era muy corto… así que me tuve que quitar los reposapiés y así conseguí entrar malamente. Por el contrario la habitación adaptada está muy bien, pequeñita pero cómoda. Y para terminar el día dimos una vuelta por el paseo marítimo y la feria (estaban en fiestas).

El sexto día intentamos visitar el Cabo de Home, pero el camino era tan malo que fue imposible. Después fuimos de visita a Combarro (precioso, con un camino específico accesible para ver los hórreos), a Isla de Arousa (con vistas muy bonitas) e hicimos una parada especial en Pontevedra para conocer a Lúa y su familia, una niña que tiene Artrogriposis como yo. Destaca que el centro de Pontevedra está muy bien adaptado, todo liso, sin adoquines ni bordillos, muy cómodo para pasear.

El séptimo día dimos un paseo en barco por el Miño, gracias al club deportivo «Sen Amarras» en un barquito accesible. Después fuimos a Vigo a comer y a dar una pequeña vuelta por el centro (con muuchas cuestas).

Y finalmente, el último día emprendimos la vuelta a casa.

En resumen, un viaje muy cansado pero que ha merecido la pena sin duda por todo lo que hemos visto y disfrutado.

Post escrito por Laura Sánchez

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