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Lanzarote en silla de ruedas

Lanzarote en silla de ruedas

El pasado mes de enero nos embarcamos con PREDIF (ahora Impulsa Igualdad) en un viaje grupal a Lanzarote. Desde hace mucho tiempo teníamos ganas de visitar las islas y con esto vimos la oportunidad perfecta para hacer el viaje, dándonos la seguridad necesaria sobre la accesibilidad de los sitios.
Así, el 22 de enero cogimos el vuelo de ida. Como suele ser habitual, en el aeropuerto se agobian cuando viajan sillas de ruedas (y más si son eléctricas y somos varias en grupo) pero todo fue perfectamente gracias a la experiencia de Hernán y Enrique, los monitores de PREDIF que nos acompañaban.

Y tras otra odisea con el transporte desde el aeropuerto al hotel, ya que era adaptado pero no entraban todas las sillas que habían dicho, por fin llegamos al Hotel Beatriz Playa & Spa. Las habitaciones adaptadas estaban muy bien y el acceso a la zona de restauración también. La comida era bastante aceptable, y contaba con restaurantes temáticos a parte del buffet donde podías reservar para cenar y también estaban incluidos en el precio.

Por la tarde nos explicaron las excursiones previstas, que no eran obligatorias, pero nosotros nos apuntamos para ver lo máximo posible. A ellas iríamos en autocar adaptado y con la accesibilidad de todas las visitas prevista, no se podía pedir más.

El lunes fue día libre para explorar la zona, aunque quedamos para ir paseando en grupo hasta Puerto del Carmen y la zona de Tías. Un paseo muy agradable para hacer rodando.

El martes tuvimos la primera excursión, en la que visitamos el Jardín de Cactus, los Jameos del Agua (solo accesible en la parte superior), con parada en el pueblo de Haría para comer y el Mirador del Río desde donde ver la Isla de La Graciosa.

A todos estos sitios pudimos acceder sin problema, una auténtica maravilla.

El miércoles volvió a ser día libre, y aprovechamos para hacer una visita grupal al Varadero de Lanzarote.

El jueves tocó excursión por Arrecife (la capital de la isla) y Playa Blanca, un pueblo precioso desde donde se ve Fuerteventura.

Como el viernes también era día libre, aprovechamos para hacer una pequeña ruta yo en mi silla y mi chico en un patinete eléctrico de alquiler. Una experiencia diferente y divertida, muy recomendable.

El sábado tuvimos la última excursión: visitamos el Parque Nacional de Timanfaya, el pueblo de El Golfo, donde comimos, la Geria y el monumento al Campesino. También estaba todo perfectamente planeado para acceder sin problemas.

Y el domingo emprendimos el viaje de vuelta, no sin contratiempos en el aeropuerto. Perdieron el reposabrazos de mi silla! Menos mal que al día siguiente me lo trajeron a casa y todo quedó en un susto.

Este viaje a Lanzarote fue increíble, porque la isla en sí es alucinante, pero es que los monitores lo hicieron más increíble todavía.
Gracias a ellos vimos sitios maravillosos, conocí lo que de verdad es un viaje accesible y sentí que hay gente a la que de verdad le importa la inclusión.
Sin duda, un viaje genial para repetir

Post escrito por Laura

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