París en cuatro días con silla de ruedas

Hace ya unos años (desde 2009) estuvimos en París, pero había que volver y verlo otra vez, sobre todo con un nuevo viajero dentro de la familia, nuestro hijo. Y este ha sido el momento de verlo con otros ojos.
Fuimos desde Hendaya en tren TGV y muy bien. Compramos los billetes por su web, reservamos la asistencia para subir y bajar del tren, tanto a la ida como a la venida y no tuvimos ningún problema. En este tren las plazas PMR están en primera clase, por lo que los acompañantes viajan también contigo sin pagar un extra. Además, viajar en tren con silla de ruedas siempre me resulta más relajado que andar con aeropuertos, así que empezamos bien.
Día 1
Llegamos a París y nos fuimos directamente al hotel Citadines Aparthotel Tour Eiffel Paris. Nos lo habían reservado directamente desde Travel Xperience, la agencia de turismo accesible en la que siempre confiamos. Nos habían dicho que era accesible, nos habían mandado fotografías y todo se correspondía con la realidad: buena maniobrabilidad, baño adaptado, ducha a ras de suelo y espacio suficiente para moverme sin jugar al Tetris con los muebles, sobre todo estando tres en el apartamento.
Porque no os había comentado, nos alojamos en un apartamento adaptado, que no es poco difícil de encontrar. Sobre todo, tan bien ubicado como este, a 15 minutos rodando de la Torre Eiffel. La única pega es que estaba al lado del metro y se oía cada vez que pasaba. Por si tenéis problemas para conciliar el sueño, jajajaja.
Después de dejar las cosas, tocaba una caminata tranquila hasta el estadio del Paris Saint-Germain para hacer el tour. Las aceras por esa zona están bastante bien, aunque en algún punto me tocó rodear por bordillos altos o rampas poco amorosas, pero nada dramático en general. El tour del estadio estuvo muy bien y mi hijo disfrutó un montón. El acceso es cómodo, hay ascensores, se puede salir hasta el campo con la silla y el personal es muy amable. Hicimos la reserva por su web y no tuvimos problemas.
Del estadio, directos a la Torre Eiffel. Ya la habíamos visto mil veces en fotos y en nuestra estancia anterior, pero en persona impone.

Compramos las entradas de manera anticipada en su web https://www.toureiffel.paris/es/en-situacion-discapacidad y ahí te explican las condiciones para las personas con discapacidad, que resumiendo son:
- Tarifa especial persona con discapacidad y acompañante.
- Pase preferente.
- Con silla de ruedas solo podemos subir hasta la planta 2.
- Las personas en silla de ruedas subimos por principalmente por el pilar oeste.
- Dispones de baños adaptados para PMR en la base de la torre Eiffel.
También las puedes comprar físicamente allí, pero hay que esperar mas colas y así nos aseguramos subir cuando queríamos.
Subimos hasta la planta 2 en ascensor sin problema. El personal de accesibilidad funciona bastante bien y hay itinerarios pensados para sillas.
Hicimos la visita nocturna y París es precioso por la noche, sobre todo visto desde la Torre Eiffel.

Después de la subida, paseo nocturno y vuelta al hotel, que ya tocaba descansar.
Día 2
Este día tocaba patearse París, pero en versión rodar. Nos unimos a un freetour que salía del Ayuntamiento y pasamos por Notre-Dame, la capilla de Sainte-Chapelle y el museo del Louvre. Eso sí, aviso: no todos los freetours son totalmente accesibles, pero este en concreto tenía un guía muy majo que se había preparado bien el recorrido, evitando escalones o zonas imposibles.
Comimos en un restaurante cerca del Louvre y por la tarde nos fuimos a Montmartre. Ahí ya sabía que el nivel de cuestas roza lo épico, así que opté por subir en transporte público. Fuimos en autobús urbano, que es barato y muy accesible en Paris. El barrio es precioso, lleno de vida, artistas, terrazas… El Sacré-Coeur es espectacular, pero la accesibilidad del entorno es… bueno, digamos que mejorable. Las calles tienen sus baches, adoquines y cosas del siglo pasado, pero con calma se puede hacer. Eso sí, recomendable, sino obligatorio, llevar una handbike (que era mi caso) o cualquier otra ayuda técnica que te sirva para salvar pendientes pronunciadas y calles adoquinadas.
Aun así, disfrutamos muchísimo del ambiente, de sus calles, de las vistas y del atardecer. Luego vuelta al hotel con las ruedas pidiendo vacaciones.
Día 3
Día Disney, o lo que es lo mismo: volver a ser crío todo el día.
Cogimos el RER-A el tren cercanías, que es accesible en todas sus paradas, que une París con Disneyland y en menos de una hora estaba allí, o eso pensábamos nosotros. Teníamos que coger un enlace para llegar a este tren y preguntamos en la oficina de la estación de metro que teníamos en la puerta del hotel (que era accesible) si había alguna combinación accesible para llegar al tren. Que alegría nos dieron cuando nos dijeron que sí, que cogiésemos el metro allí, anduviésemos varias paradas y que en una que nos indicaban podíamos hacer el transbordo. Cual fue nuestra sorpresa cuando no había salida accesible. De aquí nos mandaron a otra donde tampoco, y así sucesivamente hasta que nos quedamos sin más paradas y sin poder salir del metro.
El personal de asistencia y laboral de las estaciones un desastre, después de llevarnos a un punto sin salida y sin retorno, nos dejaron tirados y tuvimos que pedir ayuda a otros pasajeros para poder salir. Menos mal que en todos los sitios hay gente buena y después de que nos sacasen de este lío, 2 horas después, pudimos coger el tren para ir a Disneyland con nuestro hijo.
Que el metro de Paris es inaccesible ya lo sabíamos, pero que ellos mismos nos metan en un agujero y nos dejen tirados, es propio de un país tercermundista. Como de todo se aprende, no os fieis nunca de la información que te dan en el metro de Paris.
Disneyland Paris está bastante bien en accesibilidad, ya que es bastante llano y no encuentras pendientes pronunciadas, hay atracciones a las que puedes subir si te puedes pasar tú mismo de un asiento al otro, accesos específicos y preferentes, zonas reservadas para espectáculos y personal que te explica todo con mucha paciencia.

También había baños adaptados en todas las zonas. Eso sí, como a esto veníamos para que disfrutase el hijo, lo tenía claro, cero estrés.
Pasamos el día haciéndonos fotos divertidas, viendo espectáculos y probando todo tipo de atracciones, que mi hijo disfrutó un montón.
A las 20:30 volvimos en tren hasta el Arco de Triunfo (también os digo que acojonado ya que no me fiaba un pelo, jajajaja) y de ahí un bus accesible hasta el hotel.
El autobús urbano y el tranvía de París es bastante accesible, barato y funciona bastante bien.
Para las cenas, como estábamos en un apartamento, compramos comida para llevar de la gran cantidad de tiendas de comida “take away” china, japonesa y de otras nacionalidades que había alrededor de nuestra zona.
Día 4
Último día. Desayuno tranquilo en una boulangerie-Patisserie cercana al hotel (croissants nivel lágrima) y luego directo a Montparnasse para coger el tren de vuelta a Hendaya. Contactamos con el servicio de asistencia y como a la ida, acceso sin complicaciones, viaje tranquilo, perfecto para ir recordando todo lo vivido.
En resumen, París me ha encantado otra vez. Y salvo el incidente del metro, me volví con la sensación de haber aprovechado cada instante y con ganas de repetir. Porque París se disfruta muchísimo y sobre todo cuando lo ves desde los ojos de un niño.















