Rodando por Nueva York

En junio de 2025, desde mi trabajo en la Dirección General de Derechos de las Personas con Discapacidad del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 me propusieron viajar a Nueva York para representar a España en la 18ª Conferencia de los Estados Partes en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, así que me embarqué en la aventura con mi asistente personal y otra compañera de trabajo.
El primer día salimos de España sobre las 12:30 de aquí y llegamos a Nueva York sobre las 14:30h de allí, aunque son 8 horas de vuelo aproximadamente. Cabe destacar que en Madrid el servicio de asistencia fue fatal y casi nos quedamos sin embarcar, pero la tripulación del vuelo fue muy atenta y el avión no salió hasta que yo y mi silla estuvimos montados. En Nueva York todo fue genial y muy rápido.

Allí cogimos un UBER adaptado hasta el hotel New York Hilton Midtown, donde nos alojábamos. Y como todavía nos quedaba mucha tarde, aprovechamos para dar una vuelta por la Gran Manzana y recorriendo la 5ª Avenida vimos sitios como la St. Patrick’s Cathedral, el Rockefeller Center, el Empire State, el Edificio Flatiron, el Madison Square Garden, la Terminal Central o la biblioteca.



Al día siguiente, el martes, teníamos que estar pronto en la misión permanente de la Unión Europea en la ONU porque yo intervenía en el desayuno ministerial organizado por la delegación de la UE en Nueva York y la presidencia polaca del Consejo de la UE. Ahí vino el primer problema: mi silla no había cargado por la noche, y se quedó parada en medio de un cruce en la Quinta Avenida. Mi asistente y mi compañera me tuvieron que empujar hasta la misión permanente, donde volvimos a poner a cargar la silla, pero tampoco funcionaba.

De ahí teníamos que ir al edificio de la ONU para asistir a la primera jornada del debate general de la Conferencia, y otra vez me tuvieron que llevar empujando y encima lloviendo a cántaros. Llegamos y a alguien se le empezó a ocurrir que podía ser un problema por la diferencia de voltaje, por lo que estuvimos probando diferentes adaptadores, pero no conseguíamos nada. Así que a la hora de comer cogimos otro UBER para ir a la única ortopedia de la zona, a unos 20 minutos. La situación era muy caótica y desesperante, el conductor debía tener un mal día porque no se portó muy bien, nos quería dejar lejos, y encima no encontrábamos la ortopedia porque resulta que estaba en la octava planta de un edificio. Pero llegamos y se hizo la luz: el chico de la ortopedia nos dijo que era un problema muy común por el transformador del cargador de la silla y que necesitaba uno americano, que tuve que comprar, y con eso la silla comenzó a cargar sin problema. Así que me quedé un rato cargando la silla para luego poder volver mientras nos comíamos una pizza allí.

Ya con un poco de batería en la silla conseguimos volver a la misión permanente de España en Naciones Unidas, donde teníamos por la tarde un Cóctel por el empoderamiento de las personas con discapacidad en la región a través de la cooperación del Programa Iberoamericano de Discapacidad.
Y como para colmo este día era mi cumpleaños, dije esto hay que remontarlo, y nos fuimos a soplar las velas a Times Square, ¡una auténtica pasada!

El tercer día también teníamos toda la jornada en la ONU, y después fuimos a Central Park y a la terraza Monarch Rooftop Lounge, desde donde se ve el Empire State, ¡accesible y súper increíble!



El cuarto día fue el último de jornada en la ONU, y cuando terminamos cogimos el ferry (súper accesible) desde la 34 hasta Brooklyn. Allí dimos una vuelta por Dumbo, disfrutando de sus maravillosas vistas, y cogimos el ferry de vuelta. Hay que tener en cuenta que no controlan la venta de billetes, sino que va entrando la gente y cortan cuando el barco está lleno, por lo que nos quedamos en tierra. Así que como ese era el último, tuvimos que coger otro ferry hasta Wall Street y ya de ahí otro hasta la 34, una pequeña odisea. Y para terminar el día fuimos a la Vintage Green Rooftop, que también tiene muy buenas vistas al Empire State.



Y el quinto día, como teníamos la mañana libre, aprovechamos para ir a ver la Estatua de la Libertad. Para ello, cogimos el metro desde Times Square hasta Staten Island South Ferry Terminal. Allí cogimos el ferry gratuito hasta Staten Island, en el que se pasa por delante de la Estatua de la Libertad. A la vuelta, pasamos por Wall Street y el memorial del 11-S, muy conmovedor. Y ahí volvimos a coger el metro hasta Times Square para recoger las maletas del hotel.



Allí cogimos un taxi adaptado hasta el aeropuerto, a donde tardamos muchísimo por el tráfico. La asistencia para montar al avión en Nueva York volvió a ser bastante aceptable, aunque en Madrid volvió a ser bastante desastre por la falta de personal.
En general, por Nueva York se rueda bastante bien con la silla (teniendo en cuenta el mogollón de gente que hay), y no hemos tenido problemas para encontrar sitios accesibles para comer o cenar o incluso tiendas. ¡Es una ciudad muy muy especial!

Post escrito por Laura. Puedes ver más fotos y vídeos del viaje en su Instagram @laura.sanchez.92



