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Olivenza, Badajoz y Mérida en scooter

Olivenza, Badajoz y Mérida en scooter

Desde antes incluso de mi lesión medular, que me dejó en silla de ruedas hace dos años, teníamos ganas de visitar Olivenza y Badajoz y mi discapacidad no iba a ser un obstáculo para que mi marido y yo hiciéramos una escapadita.

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Olivenza

Olivenza, muy cerquita de Portugal, está catalogado como uno de los pueblos más bonitos de España.

No voy a extenderme mucho en dar detalles de los edificios que visitamos (para eso hay información de sobra en internet) y me centraré más en cómo me moví con mi scooter por el municipio.

Tanto la iglesia de Santa María del Castillo como la de la Magdalena (con impresionantes retablos y decoración de azulejos) son accesibles por el lateral, pero la capilla de la casa de la Misericordia tiene escalones en la entrada y no tiene rampa de acceso. Una pena, porque es una maravilla. Yo aparqué mi scooter en la puerta y, como puedo dar algunos pasos, subí ayudada por mi marido y por la chica que guardaba el templo.

El castillo conserva su torre del homenaje, desde donde hay unas bonitas vistas, según mi marido. Yo no pude subir.

El Museo Etnográfico, que está justo al lado, sí es accesible y merece la pena visitarlo porque es muy interesante.

Nos alojamos en el hotel Palacio, que está en el centro, a un paso de todo. Tiene un pequeño zaguán al que se accede desde la calle por un pequeño escalón, que no es muy alto, sin rampa, y otro más alto para acceder a la recepción, donde sí ponen una rampa.

Ese pequeño inconveniente se perdona en cuanto se accede al patio, de un antiguo palacio que han transformado conservando y respetando su aspecto original.

En ascensor se accede a la segunda planta, donde está la habitación, amplia y con una buena cama. El aseo con ducha al ras del suelo, barra en la pared y asiento abatible, y el inodoro con barra.

Por recomendación de la chica del hotel, almorzamos en Casa Maila. Al ver el escalón de la entrada, decidimos quedarnos en la terraza, pero hacia calor y entramos al salón interior metiendo mi scooter con la ayuda del personal, muy amable. La comida rica y abundante. El aseo, con barra en el inodoro.

Paseamos por el centro, muy abarcable y con plataforma única y nos detuvimos a contemplar los «Pasos de la Vía Sacra», en la fachada de algunas casas.

Quiero destacar la amabilidad de los oliventinos, saludándonos con una sonrisa cuando nos cruzábamos con ellos, y apartándose con sus coches para facilitarme el paso por el medio de la calle, cuando la acera era tan estrecha que no cabía mi scooter.

Badajoz

El segundo día fuimos a Badajoz. En la oficina de turismo nos dieron un plano con un recorrido accesible, algo muy de agradecer.

Por la muralla de la Alcazaba se puede dar un paseo, pero no es accesible, así que nos dirigimos a la Plaza Alta y nos adentramos en el centro de la ciudad, que es de plataforma única y se recorre fácilmente, hasta llegar a la Plaza de España, donde se encuentra la Catedral de San Juan Bautista.

La catedral es accesible y el personal muy atento y dispuesto a ayudar.

El resto de iglesias, salvo la de la Soledad (patrona de la ciudad), no son accesibles. Junto a ella se encuentra la réplica de la Giralda y un conjunto de calles agradables para pasear hasta llegar a la Puerta de Palmas y cruzar el Guadiana por el puente peatonal para, desde el otro margen, contemplar unas vistas magníficas.

Almorzamos en La Casona Baja, por sus buenas reseñas y porque era tarde y nos pillaba a un paso de donde estábamos. No es accesible, pero hacia una temperatura estupenda y nos quedamos en la terraza, en una plazoleta tranquila y recoleta donde estuvimos muy a gusto. Comida buena y a buen precio.

Mérida

El tercer día marchamos a Mérida.

Visitamos el teatro y el anfiteatro, accesible sólo en parte, por caminitos de tablas y en algunos tramos con gravilla suelta que dificultaba la marcha.

Al salir hay varios restaurantes con terraza en el exterior, que ofrecen menús del día. Nosotros elegimos el Serendipity, por sus muchos platos donde elegir y la verdad es que nos encantó. La milhojas de patatas con morcilla extremeña y huevo para no perdérsela.

Por la tarde, visita al museo arqueológico y templo de Diana y paseo hasta la plaza de España, donde cenamos, en la terraza de La Casona.

Como organizamos el viaje con sólo dos días de antelación (y además en fecha coincidente con un espectáculo del Festival Internacional de Teatro Clásico), al hacer la reserva apenas había oferta y únicamente encontramos un alojamiento con habitación adaptada, en el hotel Piedra de Luna. Todo muy bien, pero el camino hasta el centro  una carrera de obstáculos, con aceras estrechísimas por donde no cabía, pasos de cebra con un margen enrasado y el de enfrente con un bordillo tamaño XL… Yo acabé por el medio de la calzada y, cuando venía un coche, me apartaba para dejarle paso y después continuaba.

Se ve que Mérida está mejorando en cuanto a la accesibilidad de sus calles y plazas (todo el centro está en obras), pero aún tiene mucha tarea por delante.

Tampoco pude visitar el museo y la Basílica de Santa Eulalia, por las obras que actualmente se están realizando en los alrededores.

Al día siguiente, el puente romano, con bonitas vistas del río Guadiana, la Alcazaba (sólo me asomé al interior por una plataforma de acceso, pero no me adentré por lo irregular del terreno) y la concatedral, que es accesible pero estaba cerrada.

Almorzamos en el restaurante San Albín, accesible y muy curioso, dentro de la plaza de toros. Comida rica y variada en un buen ambiente.

En resumen, que hemos disfrutado mucho por Extremadura y os animamos a visitarla.

Post escrito por María Isabel.

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